una mirada,
se alza un gesto,
brillan
las palabras en su vuelo:
Late calmado el mundo
y el maestro
del tambor
dulce
acaricia la piel
de nuestros cuerpos.
"Y dijo Ahgar: ¡Oh Dioses! En los que nunca he creido, a los que nunca he pedido nada: si es en verdad que existís, escuchadme ahora: ¡Quiero un corazón más duro y frío que la piedra! ¡Que ni el calor del volcan, ni el fuego del Dragón puedan destruir!"
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