muy hondo, muy hondo
un trovador ahogado toca
a ninfas atentas
de dientes crueles,
ojos afilados.
En lo oscuro de un abismo
silenciosa dormita
una serpiente
de escamas muy frías,
de lomo muy viejo,
de nombre muy largo.
Y las ninfas danzan
quebrando compases
y el ahogado teje
con su laud un canto.
La serpiente bosteza
devorando las aguas,
se agita el abismo,
se levantan los mares.
El trovador dulce
sonríe terrible
a las ninfas que juegan
con su corazón de algas:
una boca lo muerde,
otra lo desgarra,
mientras la luna muy lejos...
muy lejos brilla
cenicienta de olvido,
oscura de noche,
vacía.

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