la luz, y ese deseo de pacífica
permanencia,
estar en el calor sublime
y entregarlo lentamente
como un bálsamo que aleja
todo mal.
Ojalá no fuera una sombra
y quisieras ser
tu quien dibujase caminos
a mi lado:
yo se trazar sendas,
tejer ríos, ver más allá del
viento y la tormenta
y el fuego verde de bosques
y praderas,
se poner nombres
e intentar definir el silencio
con palabras.
Y no sirve drenar bálsamo
de sangre,
ni bailar sobre la laguna
plateada,
si va a caer en el olvido.
Si al otro lado del espejo
no hay nadie golpeando
fieramente las cadenas.

¿Y qué importa?
ResponderSuprimirDesde el otro lado del espejo
te observa tu rostro,
sereno.
Baila para él.
Para ti.
No necesitas más público.
importa
ResponderSuprimirimporta el otro
importa el diálogo
que nos enriquece
en un mundo lleno de monólogos
estériles
interminables