cuando nos llega,
tan terrible el deseo que nos toca,
tan atroz
la hechura ambigua de sus fronteras.
Y qué luz darte si ando ciega,
qué luz puedes más que las oscuras
palabras del vagabundo entre
la niebla.
Hermana, en mi brújula rota
guardo
el calidoscopio bujía
de nuestras venas.

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