lo oigo distante y tímido
responderse entre los árboles
del parque allí
bajo el viento que acaricia
mi cuerpo, invitando
ofreciendo mi piel
al sueño esta carne
tan cansada
recuerdo entonces
a los cazadores del Páramo
de la Luciérnaga
esos niños finos, menudos,
de ojos vivaces y profundos
buscaban semillas de estrellas,
lágrimas de ninfas,
un suspiro de rocío
para que hiciera de imán
en el corazón perdido
de sus
brújulas

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