Abatido contemplaba los restos de la batalla. El campo, tejido de durmientes y quebradas espadas, de oscuras vísceras y lanzas, clavadas en la tierra o en la carne, suspiraba al cielo cuervos negros.
Le pareció, a la luz de una luna vieja, que los muertos, inmóviles, danzaban; haciendo el amor imposible con sus miembros cercenados y sangrientos, reconciliándose con sus bocas abiertas, con sus ojos aullantes compartiendo la última frontera.

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Mola!!!!!!