La punta de la lanza, barnizada con sus propias entrañas, afloraba cruel bajo su pecho y un murmullo lejano de voces y de gritos trepaban por la caída de su cuerpo a la negra fría tierra. Se aferró a aquél hierro como quién se aferra a un amante despechado por última vez y así, abrazado, le abandonó el aliento de la vida.
martes, febrero 08, 2011
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Un camino concluyente en ninguna parte, un lugar terminado en el comienzo de la salida, en la puerta soberana de la desidia.
ResponderSuprimirEL rastro de sangre, de la arena de un mar en los cabellos fríos
de una mujer inalcanzable,
en el roce de unos labios que se esfuman al rozarse.
El sendero que se extiende en el final de una ola que muere en la costa.
divino !...
ResponderSuprimirXD...me encantan estos pequeños relatos :D
ResponderSuprimir*^^*
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