rugen dentro
y se abren fauces negras,
se estremece la pradera
y ese cedro-olivo
castaño-encina de anchas ramas
bebe el pálpito de lejanas
trompetas y cristales.
Cabalga el horizonte
con su oscuro lomo
erizado,
el baile en la laguna
y la plata en la tormenta.
Ríe el dios. Ríe el dios
y el hijo
abrazado a sus rodillas
sueña con los colmillos rotos,
con el pelaje desalmado,
con esas garras de metal
vejadas y latientes.
"Levanta carne entre cristales
sangre coagulada entre tormentas
baile derrotado,
contempla tu quimera."

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