Hay un café con cuatro sillas y una mesa. En alguna parte hay un tren y una mortaja y el capitán de un submarino dispuesto a naufragar. Las cuatro sillas hablan y la mesa escucha una historia de naufragios sin gaviotas y sin velas, sin alta mar.
Yo nunca la oí pero esta mesa os la cuenta:
"Entró en el compartimento y se sentó entre el pulpo y el calamar, blanco de mareo, Rubén.
- ¿A dónde vamos?- repitió al cabo de un rato a una sepia negra que se deslizaba lenta hacia el asiento de enfrente.
- ¿A dónde vamos?- exigió de nuevo sin respuesta.
Volaba el tren entonces y el capitán de pie en su chimenea cantaba "Sirio a un lado y allí resopla".
- ¿A dónde vamos?- Gritaba Rubén al capitán escalando desde la ventanilla al erizado lomo entre railes.
- ¿A ninguna parte, al fondo! ¡Al fondo de ninguna parte!
Y el capitán reía y Rubén resoplaba morado de frustración, ahogado de caída.
- ¡Mortaja al agua! ¡Mortaja al agua!"