viernes, diciembre 31, 2010

El último día

En la casa de Luz y Viento
canta errante la ninfa
de los sueños

entre pasillos

un silencio infantil
alborota
los pájaros del juego.

Luz y Viento meditan
largas voces tranquilas,
corazones cansados,
ojos de infinito.

Luz y Viento arrullan
los cristalinos lamentos
de la olvidada lluvia,
de nubes solemnes,
del mar en tejados.

Y el tambor suena
tímido
y el baile gira
aleve

el sol que ya dormita
y la luna que bosteza:

Te daré mi corona
de guirnaldas viejas.

miércoles, diciembre 29, 2010

Arquitectura en Piezas de Madera

La luz tengo a jirones
desgarrada en mi corazón
de trapo viejo,

con el viento sin banderas
sueñan tristes ruinas
de una torre nunca alzada

-se han quedado en espejismo
las nubes de altas lunas
en horizontes montañosos-

y el sabor del querer amargo
en el paladar perdido
de aquel cielo

atormenta cuanto tiento
en esta luz
que me arrastra lenta

a la mañana.

martes, diciembre 14, 2010

Sueños II

En las frías escaleras del invierno

se sentó
contemplando

las altas cúpulas de niebla o luz
que no habría de tocar.

Lo inalcanzable en estandartes,
ajados de esperanza,
atados de locura,
ondeaba junto al glorioso
cuerno de sus huestes.

Aullaban su nombre las sombras,
el vacío entre las dormidas columnas,
los despiertos y agazapados silencios
entre palabras sin urdimbre
y sin trama:

Alzarían de nuevo
sus armas de herrumbre inmemorial
lucharían por su sangre

lo sabían
condenado a la derrota.

miércoles, diciembre 08, 2010

Sueños

Ante la sangre
aquella que se escurría
lenta y negra por los baldosines

avanzó

era la luz y la no luz,
el hambre y la no sed,
la noche y una mañana de llovizna:

Pensó

que quizás aquel rojo
no era rojo sino agua plateada,
que el trémulo calor
el recuerdo del humo en los candiles,
que la muerte sólo un lienzo
bien pintado.

jueves, diciembre 02, 2010

Tres pupilas en el cofre del tuerto

Hay un café con cuatro sillas y una mesa. En alguna parte hay un tren y una mortaja y el capitán de un submarino dispuesto a naufragar. Las cuatro sillas hablan y la mesa escucha una historia de naufragios sin gaviotas y sin velas, sin alta mar.
Yo nunca la oí pero esta mesa os la cuenta:
"Entró en el compartimento y se sentó entre el pulpo y el calamar, blanco de mareo, Rubén.
- ¿A dónde vamos?- repitió al cabo de un rato a una sepia negra que se deslizaba lenta hacia el asiento de enfrente.
- ¿A dónde vamos?- exigió de nuevo sin respuesta.
Volaba el tren entonces y el capitán de pie en su chimenea cantaba "Sirio a un lado y allí resopla".
- ¿A dónde vamos?- Gritaba Rubén al capitán escalando desde la ventanilla al erizado lomo entre railes.
- ¿A ninguna parte, al fondo! ¡Al fondo de ninguna parte!
Y el capitán reía y Rubén resoplaba morado de frustración, ahogado de caída.
- ¡Mortaja al agua! ¡Mortaja al agua!"