viernes, noviembre 12, 2010

Tres

Andaba sola sobre la mañana de la noche. Recordaba: un espléndido amanecer y la nostalgia prendida de las sombras que huían a su espalda. No podía tocar aquellos muros impregnados de húmeda ruina y destrucción dulce de café olvidado en callejones.
No importaba.
Si acaso una golondrina con afán de murciélago, que gritaba sorda el desamparo del invierno, cortaba el aire y, entonces, venía de lo oscuro la imagen de la entramada ciudad y los canales.
De pies, inmóvil, extasiada, contemplaba lo invisible.
(Númenes Incomprensibles)

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