donde la mano no abarca
los sentidos
donde la razón no toca
la palabra
donde el corazón no oye
el instinto
extiéndete en la sombragris
de mis pupilas
sobre las escamas de mi cuerpo
en el envés prohibido
de mis dientes
moldea el aliento, el plumaje
la nariz de bronce
el ala de vacío
y deja que se eleve en angosto
aire
la prolongada tos del cazador.

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