Amanece, el Otoño. Lo sé porque las sombras se estiran, de puntillas, agarrándose de la luz que apenas comienza a declinar. Hay una expectación de viaje en el escondido frío de las noches que se llaman unas a otras, persiguiéndose en busca de Aceleración.
Respiro ahora este corto exiguo tiempo, como un potente elixir que se guarda en frasquitos: El vigésimo sexto.
Y recuerdo las naranjas solares de Manuel y el Dios de las Pequeñas Cosas, a Plauto que aún no he traducido y el Carmen Saeculare que golpea como la pata de palo del capitán Acab.
Es la certeza de ser pequeña como este frasco, como sólo una gota de este frasco, como una milésima de una gota de este frasco, que ni siquiera es frasquito perdido en la alargada luz que ya declina, tendiendo de puntillas las sombras al Invierno.

aqui en buenos aires por lo menos estamos entrando en la primavera....me gusta éste lugar de silencio....te espero por mi blog y si gustas intercambiamos enlaces...
ResponderSuprimirMmm la primavera en Buenos Aires.. se agradece en este Otoño.. ^^
ResponderSuprimir