miércoles, septiembre 08, 2010

Conversaciones III

No dijo nada, tampoco había nada que decir, tampoco hacía falta. Avanzó sosteniéndole la mirada como otras tantas veces, como aquella primera en el potro de tortura donde tampoco hubo nada que decir ni necesidad de explicar las obviedades.
Sentada en su trono de piedra inconmovible alzó apenas la mano sin girarse como una prolongación de aquellos ojos ahora perdidos en el infinito de las puertas, y apenas rozó su brazo enguanteletado en cuero negro de muerte y pérdida sin retenerle ni ordenarle que se detuviera un paso más atrás de ella, así entre las sombras vigilantes, en la tensión del aire que se cruza y el filo que no resplandece, como siempre, donde habría de estar ahora.

1 Escolios: